sábado, 31 de octubre de 2026

Tengo una uña de color verde

Presentación clínica


Fácil. Frecuencia media.

Caso clínico

F.T. es un varón de 48 años que consultaba por otro motivo. Antes de irse me dice:

«Por cierto, ¿podría verme una uña del pie? Es que se me ha puesto de color verde».

F.T. trabaja con calzado de seguridad cerrado en ambiente cálido y húmedo. Se descalza y nos encontramos con esto:

Cloroniquia: ¿qué hacer ante una uña verde?

Una uña que cambia de color y se vuelve verde suele llamar la atención, pero no siempre exige cultivos ni antibióticos por vía oral. Reconocer el contexto clínico y corregir la humedad y la onicólisis permite resolver muchos casos con medidas locales.

¿Qué es la cloroniquia?

La cloroniquia, también llamada síndrome de las uñas verdes o síndrome de Goldman-Fox, es una coloración verdosa de la lámina ungueal. Puede oscilar del verde amarillento al verde azulado, e incluso adquirir un tono verde negruzco.

La tríada clásica incluye pigmentación verde, onicólisis distolateral (separación de la uña del lecho) y paroniquia (inflamación de los pliegues periungueales). Sin embargo, no es necesario que estén presentes los tres signos. En la serie de Lee y colaboradores, el 82,4 % presentaba onicólisis, pero solo el 35,3 % tenía inflamación periungueal [2]. Habitualmente afecta a una sola uña y es indolora.

¿La causa es siempre Pseudomonas aeruginosa?

El agente clásico es Pseudomonas aeruginosa, un bacilo gramnegativo oportunista que prolifera en ambientes húmedos. Produce pigmentos como piocianina y pioverdina, responsables de la tonalidad verde. Pueden encontrarse otras bacterias y hongos, bien como agentes asociados, bien como colonizadores o causas alternativas de pigmentación [1,3].

Un estudio retrospectivo de 34 pacientes encontró P. aeruginosa en 12 casos (35,3 %), mientras que en 22 (64,7 %) no se aisló esta bacteria. En una serie anterior de 26 pacientes recogida en una revisión, se aisló en 23 (88,5 %) [2,3].

La interpretación es importante: el 64,7 % representa ausencia de aislamiento de Pseudomonas, no una demostración de que otras bacterias causen ese porcentaje de cloroniquias. La toma de muestra y la sensibilidad del cultivo pueden influir en los resultados. Además, la identificación de otro microorganismo no demuestra por sí sola que sea el causante [2].

La onicomicosis concomitante es frecuente: se describió en 23 de 34 pacientes (67,6 %) en la serie citada. Esto no significa que todos necesiten antifúngicos ni que la cloroniquia sea siempre una infección mixta [2].

¿Por qué aparece? Factores predisponentes

El problema suele comenzar cuando se combinan una uña previamente alterada y un entorno húmedo. La onicólisis crea un espacio entre la lámina y el lecho donde queda retenida la humedad y se facilita la colonización.

  • Contacto frecuente con agua, jabones o detergentes: trabajo doméstico, hostelería, limpieza, peluquería y profesiones sanitarias.
  • Onicólisis y microtraumatismos: manicuras agresivas, golpes, calzado ajustado o traumatismos repetidos.
  • Enfermedades ungueales previas: onicomicosis, psoriasis ungueal o paroniquia crónica.
  • Uñas artificiales y esmaltes en gel: pueden favorecer espacios donde se retiene humedad.

¿Cómo se diagnostica? ¿Hace falta cultivo?

En una cloroniquia típica, localizada y sin signos de infección importante, el diagnóstico es fundamentalmente clínico y no es imprescindible obtener un cultivo antes de comenzar con medidas generales y tratamiento local. La ausencia de P. aeruginosa en el cultivo no excluye el cuadro ni obliga, por sí sola, a modificar el abordaje inicial [1,2].

En la consulta conviene valorar el color y su distribución, la existencia de onicólisis o paroniquia, los traumatismos, el contacto con agua y la posibilidad de una onicomicosis asociada. La dermatoscopia puede ayudar a explorar la uña. En lesiones atípicas, deben considerarse colorantes externos, micosis, cambios ungueales asociados a psoriasis u otras causas de pigmentación [1,3].

Solicitaremos estudio microbiológico, especialmente, ante una presentación atípica, recidivante o persistente, fracaso del tratamiento local, inflamación importante, sospecha de infección invasiva o si se plantea antibioterapia sistémica. También tiene especial interés cuando el paciente es personal sanitario en contacto con personas vulnerables. Si sospechamos onicomicosis, añadiremos estudio micológico según el contexto [1-3].

Tratamiento: empezar por lo sencillo

1. Medidas generales (son fundamentales)

  1. Mantener la uña lo más seca posible. Evitar la exposición prolongada al agua y secar cuidadosamente después de lavarse.
  2. Recortar con cuidado la porción de lámina ya desprendida, si puede hacerse sin provocar lesiones; no arrancar la parte adherida. En casos extensos, conviene hacerlo por un profesional.
  3. Para tareas húmedas, utilizar guantes impermeables con guantes de algodón debajo, evitando la maceración y cambiándolos cuando sea necesario.
  4. Suspender temporalmente uñas artificiales, esmaltes en gel y manipulaciones traumáticas. Tratar los factores que mantienen la onicólisis (psoriasis, onicomicosis, roce, etc.).

2. Vinagre diluido en agua: una opción tópica accesible

El vinagre alimentario contiene ácido acético, un antiséptico empleado como tratamiento local de la cloroniquia [1,3,4]. Para facilitar su aplicación puede recomendarse una pauta sencilla: mezclar una parte de vinagre alimentario con una parte de agua (dilución 1:1).

La solución puede utilizarse de dos formas:

  • Inmersión: introducir el dedo afectado en la mezcla durante unos 10 minutos.
  • Compresas: empapar una gasa en la misma mezcla y mantenerla sobre la uña durante unos 10 minutos.

Como orientación práctica, realizar la aplicación dos veces al día durante 3-4 semanas, con revisión de la evolución. Después, secar muy bien la uña y la piel circundante. Ambas formas de aplicación son razonables; no hay estudios comparativos que demuestren la superioridad de una sobre otra. Los tiempos de contacto son orientativos, ya que la evidencia específica para el vinagre 1:1 es limitada [3,4].

Utilizar vinagre alimentario, no vinagre de limpieza ni ácido acético concentrado. La mezcla puede provocar irritación en piel erosionada o sensible, por lo que debe suspenderse si aparece escozor intenso o empeoramiento. Nunca mezclar vinagre con lejía.

Otras opciones publicadas incluyen antisépticos de concentración conocida (como octenidina o formulaciones sanitarias de hipoclorito), pero no es aconsejable recomendar diluciones caseras de lejía: la concentración final es difícil de controlar [1,3,4].

¿Y si no mejora?

Antes de pasar a un antibiótico oral, comprobar que se han corregido la humedad y la onicólisis, que el diagnóstico es correcto y que no existe una onicomicosis que esté perpetuando el problema.

Si la evolución es desfavorable, conviene obtener cultivo bacteriano y antibiograma y, cuando esté indicado, estudio micológico. Puede valorarse un antibiótico tópico activo frente a Pseudomonas, según el contexto clínico; en la literatura se han utilizado, entre otros, fluoroquinolonas o aminoglucósidos tópicos [2,3].

La antibioterapia sistémica no es el siguiente paso automático ante cualquier persistencia del color. Se reserva para infecciones más extensas, dolorosas, progresivas o refractarias, y debe elegirse según el cultivo, el antibiograma, el paciente y los riesgos del fármaco. El ciprofloxacino oral aparece descrito en series y revisiones, pero ello no justifica su utilización empírica sistemática [1-3]. Si existe absceso, celulitis o afectación general, la valoración ha de ser prioritaria.

¿Añadimos antifúngicos? Solo si existe una onicomicosis concomitante que justifique tratamiento. Lo adecuado es confirmarla cuando proceda mediante examen micológico y tratarla por separado; no añadir antifúngicos «por si acaso» [2,3].

Un último matiz: la pigmentación puede tardar en desaparecer a medida que crece la uña. La persistencia del color por sí sola no demuestra que siga existiendo una infección activa [3].

Una situación especial: cloroniquia en personal sanitario

La cloroniquia puede actuar como reservorio de P. aeruginosa. Se han descrito episodios de transmisión relacionados con trabajadores sanitarios, incluidos brotes de infección de heridas quirúrgicas. El riesgo merece particular atención en quirófanos, neonatología, unidades de críticos y atención a pacientes inmunodeprimidos [3].

Por ello, ante una uña verde en un profesional sanitario conviene evaluar y tratar precozmente la lesión, evitar uñas artificiales y esmaltes que oculten la pigmentación, reforzar las medidas de higiene y secado, y consultar con Salud Laboral o Prevención y Control de Infecciones para valorar cultivos y la necesidad de adaptar temporalmente tareas o contacto con pacientes vulnerables. El uso de guantes no elimina por completo el riesgo, y tampoco existe una norma universal que obligue a apartar automáticamente a todo trabajador afectado [3].

Resumen práctico para la consulta

Situación Conducta recomendada
Uña verde típica, localizada y poco sintomática Diagnóstico clínico; medidas generales y tratamiento tópico. Cultivo no imprescindible de entrada.
Onicólisis o humedad mantenida Recortar solo la lámina desprendida y corregir el ambiente húmedo; son medidas clave.
Vinagre diluido Vinagre alimentario y agua a partes iguales (1:1). Inmersión o compresas durante unos 10 minutos, dos veces al día; secar bien después.
Sin mejoría, recidiva o presentación atípica Revisar diagnóstico y adherencia; cultivo y antibiograma; valorar micosis asociada.
Infección importante o necesidad de antibiótico oral Valorar gravedad y escoger tratamiento dirigido por microbiología y sensibilidad.
Onicomicosis concomitante Antifúngicos solo si está indicada su utilización; no de rutina.
Personal sanitario Tratar pronto y valorar repercusión epidemiológica con Salud Laboral/Control de Infecciones.

PARA RECORDAR. Una uña verde no implica necesariamente una infección grave. La clave suele estar debajo de la uña despegada y en la humedad que la rodea. No tratar el color olvidando su causa, no interpretar un cultivo negativo como exclusión de Pseudomonas y no empezar con antibióticos sistémicos sin una indicación clara.

Bibliografía

  1. Baran R, Richert B. Green nail: Etiology and treatment of chloronychia. Hand Surg Rehabil. 2024;43:101653. DOI: 10.1016/j.hansur.2024.101653.
  2. Lee H, Mun JH, Cho S, Park H. Clinical analysis of Pseudomonas aeruginosa-positive and -negative green nail syndrome cases: A single center retrospective analysis. J Dermatol. 2021. DOI: 10.1111/1346-8138.15832.
  3. Schwartz RA, Reynoso-Vasquez N, Kapila R. Chloronychia: The Goldman–Fox syndrome – Implications for patients and healthcare workers. Indian J Dermatol. 2020;65:1-4. DOI: 10.4103/ijd.IJD_277_19.
  4. Baboun D, Yaghi M, Keri JE, Morrison BW. Natural treatment options for nail disorders. Skin Appendage Disord. Publicación electrónica 2023. DOI: 10.1159/000534629.
Información orientada a profesionales sanitarios y estudiantes. Los tratamientos tópicos publicados se basan principalmente en series de casos y revisiones; deben individualizarse.

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